miércoles, febrero 07, 2007

Mañana de carnaval


Aborrezco el carnaval.

Me dan grima las escuelas de samba, las “maschera nobile venecianas”, las rúas, comparsas y chirigotas, los disfraces de supehéroe y los borrachos de Colonia, organizadísimos hasta para empinar el codo.

No lo soporto.

Huyo como de la peste de las manifestaciones colectivas de júbilo.

Léase una final de fútbol, un macrofestival, una visita papal o una sardinada popular.
Llámenme puntilloso, pero doscientas personas coreando al unísono me recuerdan a esos congresos de Nuremberg donde abundaban las piernas fornidas y el color pardo.

No me malinterpreten, me encantan las celebraciones.

Cito textualmente a Ignatius Reilly, encolerizado lector y durísimo censor de este blog, casi tan suspicaz como los que le hacían la vida imposible a Berlanga:

Y, un ruego, no vuelvas a escribir cuando vuelves de una francachela (seguro que esta palabra te gusta tanto como a Don Mariano Rajoy. Que curioso, escribes igual que este habla: "de matutes").

Le tomo la palabra a Ignatius, adoro las francachelas, claro que las mías distan mucho de las de Marianico el Corto.

El Presidente del Partido Popular pasa sus días de asueto en algún pazo gallego, dando cuenta de un buen chuletón en compañía de sus compañeros de pelotón ciclista.
La sobremesa se alarga hasta última hora de la tarde saboreando un escocés añejo y un buen habano, otra de las aficiones confesas del Sr. Rajoy.

La cuchipanda mileurista tiene otro cariz.
Muchas noches salgo a la calle con el patético propósito de emular a mis idolatrados Frank, Sammy y Dean.
La magia se rompe cuando la americana de confección barata apesta a fritanga y la cerveza nacional te sale por las orejas. Ya sé que el Bar Tini no es precisamente el Sands, ni Las Muñeiras el Stork Club, pero si algo me han enseñado mis padres es que en esta vida hay que perseverar.

Claro que una cosa es una velada espontánea y otra una fiesta impuesta por el calendario.

Antiguamente el carnaval daba rienda suelta a la permisividad, la licencia en las costumbres y la transgresión del orden establecido.

De todo ello poco queda ya.

¿Qué hay de transgresor en que lo diligentes empleados de la compañía de seguros Al Final del Túnel se vistan de enfermeras?
¿Qué demonios hace el Sr. Bartolí, apocado y tímido dueño de una pollería, bailando salsa disfrazado de ardilla?

Tras la juerga volverán los días de sumisión y penitencia, las cabezas agachadas y las bocas selladas, herencia de cuarenta años de dictadura paquista.

¿Hasta cuándo va a durar esta situación? ¿Es qué nadie se atreve a protestar en este país?
Basta ya de abusos y engaños.
Enfrentémosnos a nuestra penosa clase política.

Ansar admite después de cientos de miles de muertos que no había armas de destrucción masiva en Irak.
Acabemos con el lamentable uso que están haciendo politicastros de todo los pelajes de la huelga de hambre del psicópata De Juana Chaos.
Basta de especulación inmobiliaria, de destrozo ecológico, de pensiones ridículas y de contratos basura.
Hagamos uso del espíritu primigenio del carnaval los 365 días del año.
Puede que así consigamos desenmascarar de una vez por todas al hatajo de indeseables que nos gobierna.

5 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Hurra, viva y olé
¡Lo que necesitamos es desobediencia cívica, si señor!

Rübezahl

7:21 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Es verdad que uno busca en reuniones de muchas personas la complejidad de los de al lado y no es fácil hallarla si uno no esté un poco borrachín. Y qué razón llevas en que poco vale la pena celebrar y festejar en plan catártico si en los días laborables uno se abstrae en sí mismo, ignora a los demás, escatima en sonrisas o en el peor de los casos se aprovecha de los demás. Por lo que respecta a los políticos, para mi esos ya viven en un universo paralelo que no se lo deseo a nadie....¡gilipuertas la mayoría!

El Gordo de Minesotta

8:38 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Disculpen:
Cuando en mi comentario he dicho
"uno busca en reuniones de muchas personas la complejidad de los de al lado",

en realidad quería decir "...........la complicidad de los de al lado";

Vaya, tenía que aclararlo porque el sentido de la frase da un vuelco en su significado (por muy poco trascendente que sea...).

Un abrazo,
Gordo de Minesotta (el Portugués para los amigos)

pd.: ignatius, esta alusión a tus admiradores denota un conato de egocentrismo; ¿acaso existen?;

1:23 p. m.  
Blogger zola ha dicho...

A mi tampoco me gustan los carnavales, ni ese irrefrenable gusto por el travestismo que le coge a la peña...
Ánimo con el blog, Ivo !
(¡y gracias por meterme en un taxi el viernes!)
un abrazo,
G:)

8:13 a. m.  
Blogger Chenker ha dicho...

Sr. Pivo,

tiene Ud. razón.

Como ya expresara Juan de la Cruz, el carnaval es cosa de gays:

"En mi pecho florido
que entero para él sólo se guardaba..."

Larga vida al jevimetal.

9:28 p. m.  

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