miércoles, febrero 21, 2007

Alemanario

Mucha gente ignora que Clark Gable era de origen alemán.
El astro de la Metro nacido en Cádiz, la de Ohio, era hijo de un taciturno labriego germano aficionado a darle a la botella.
Eso es lo único que el actor heredó de su padre.

En 1942, el gran amor de su vida, la exquisita Carole Lombard, falleció en un accidente aéreo.
Clark se alistó en la aviación con el firme propósito de reducir Berlín a cenizas.
Gracias a Dios se pasó toda la guerra borracho y el bombardero que pilotaba no acertó jamás en el blanco.

Marlene Dietrich, famosa por su semblante gélido y su voz profunda de fumadora empedernida, proyectó otro estereotipo: el del alemán frío e impasible.
La realidad era muy distinta.
Cuando Frau Dietrich disfrutaba de verdad era cuando llegaba a casa y se quitaba el maquillaje de femme fatale.
No había mes en que no le llevara un termo de sopa de pollo a su amigo y vecino Billy Wilder. Pasaba los días libres tocando el piano, leyendo a Rilke o fregándole los suelos a Hemingway.

Recuerdo con desagrado esos días lluviosos en los que el autobús de línea iba hasta la bandera y siempre subía algún gracioso que gritaba el consabido “Subanestrujenbajen”.

Cuanto daño hicieron las películas bélicas que emitía Primera Sesión.
Para la gran mayoría un alemán seguía siendo aquel tipo siniestro con trinchera de cuero y pesadas botas.
Léase con acento alemán, por cada soldado del Reich muerto, fusilaremos a diez lugareños.

Las cosas cambiaron tras esos años terribles en que se disparó hasta extremos alarmantes la factura del gas.
Las botas militares fueron sustituidas por botas de agua. El alemán, aunque les cueste creerlo, ingenuo, inocentón y excesivamente sentimental; adora los jardines, los árboles y los animales.
He visto tiarrones arios de dos metros llorar por un erizo atropellado como llora la madre de un torero empitonado en la plaza.
Adolfo quería muchísimo a su perro, y eso que el hijo de mala madre era austríaco.

Para otros, el alemán es ese tipo barrigudo colorado que trasega cerveza en algún pueblo costero.
O el eficaz empresario que suele vestir fatal. Ya saben, peinado de guardameta del Werder Bremen, zapatones, americana de colores imposibles y corbata con motivos ecuestres o personajes de dibujos animados.

Si trabaja usted en una gran empresa, encomiéndese al Señor para que siga siendo de los alemanes y no caiga en manos de los yanquis.
Adiós a la media hora de almuerzo, al escaqueo, la charla con los compañeros, el bajar a por un café y a las bajas indefinidas. Eso si no le toca pasar por un detector de metales antes de fichar y cantar salmos a la hora de comer.

Respecto a los pieles rojas, los prefiero a los ingleses, estando a su lado tendrás que aguantar los gritos, pero jamás te romperán una silla en la cabeza.
¿Se rompe antes la silla o la cabeza?

Hablando de gritos, ¿qué me dicen de la aspirina?
Magistral invento de Felix Hoffmann, además de químico, visionario.
Se adelantó a su tiempo sabiendo que al cabo de unos años el mundo necesitaría como agua de mayo este remedio.
¿Cómo se soportan sino interminables sesiones de Wagner, desgañitados discursos, ruidosas acampadas e histéricos desfiles?

Lástima que Mozart fuera austríaco.

2 comentarios:

Anonymous Max von Czernowitz ha dicho...

Los alemanes conforman el pueblo más romántico de Europa (de allí su pasión por los rusos). Hasta la aparición de Bismarck y la subida a la parra de los prusianos se dedicaban a recitar poesía recorriendo sus verdes bosques. De ello se beneficiaron los verdaderos "alemanes" de Europa, los franceses, que con sus mandangas del amor en París escondieron su carácter frío, calculador y exterminador. Es odioso generalizar, pero uno se queda descansado.

9:48 a. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

¡que homenaje tan justo! Un pueblo en el centro físico real de Europa en el que brujulean millones de inmigrantes, de una belleza natural desmesurada, con una tradición cultural y artística incomparables, cuya gente es de lo más variopinta pero con un denominador común: trabajadora y heterogénea, viajantes y curiosos infatigables, personas por lo general curiosas, cosmopolitas (incluso el yayo del pueblo más perdido de la selva negra) e injustamente tratados. Las guerras fueron un accidente tristísimo en su historia y merecen se les mire con otros ojos. Ni que decir además que los "arios" genéticos que existen realmente se cuentan con los dedos de la mano, pues el pueblo alemán es un amplio y hermoso crisol de mestizaje de todas las combinaciones raciales y culturales imaginables.
¡Czernowitz totalmente de acuerdo! ¡Una francesa me robó el corazón y lo despedazó!¡A ciencia cierta sé que una alemana no me habría hecho eso!
El gordo de Minesotta

4:15 p. m.  

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