martes, enero 02, 2007

Los otros Reyes


Estamos en la recta final de las fiestas navideñas.
El cambio de año nos regala cuatro días de tregua que preceden a la festividad de Reyes en el que podemos concederle a nuestro maltrecho cuerpo un merecidísimo reposo del guerrero. Los consabidos langostinos, el jamón, la matanza y la grasaza, los ríos de vino, cava y espirituosos y los dulces son sustituidos hasta nueva orden por el agua de Vichy, la manzanita, las tostadas de pan integral y las acelgas hervidas. El hígado canta loas al Señor, los riñones y el estómago lloran embargados por la emoción.

Siempre me ha gustado el hecho de que mientras en casi toda Europa todo ha vuelto a la normalidad, aquí las luces siguen brillando, millones de niños envían sus cartas a los Reyes de Oriente y esperan con ilusión la que para ellos será la noche más mágica del año.

Es todo un placer pasear por entre los tenderetes que por estas fechas se instalan en la Gran Vía, el olor a churros, los adornos antañones, los juguetes de toda la vida, los quioscos que sirven pinchos morunos y cañas, las monedas y cigarrillos de chocolate y el carbón de azúcar destinado a los críos más traviesos. Caminando por entre estos puestos parece como si el tiempo se hubiera detenido hace décadas.
Nos quedan además el sorteo del Niño, la Cabalgata de Reyes y el roscón.
En esta ciudad en el que se borra a pasos agigantados cualquier resquicio de nuestro pasado, es una suerte que todavía se conserven este tipo de tradiciones.

Atrás queda el 2006.
El año se inició como de costumbre, echando mano del Alka Seltzer y de la bolsa de hielo, aunque con una novedad, con la entrada en vigor de la ley antitabaco la gente pensaba que las autoridades sanitarias azotarían públicamente a todo aquel que sorprendieran echándose un pito. Poco ha cambiado desde entonces, salvo algunas excepciones, los bares y restaurantes de España siguen oliendo a tabaco y torrefacto.

Seguía y sigue muriendo gente en Iraq. El gobierno del psicópata tejano, en colaboración con el iraquí, demostró de nuevo hace escasos días que sigue siendo el bastión de la libertad , la legalidad y la igualdad al ejecutar al dictador Sadam Hussein. La mar de democrático, oiga.
El año pasado también se fueron derechitos al infierno dos tipos encantadores, Slobodan Milosevic y Augusto Pinochet.

Los asesinos de ETA declararon un alto al fuego permanente que como era de prever no han cumplido.
Evo Morales y su sempiterno jersey de rayotas de alpaca sin cardar asumió la presidencia de Bolivia, el populachero Hugo Chávez ganó de nuevo las elecciones y al comandante Fidel lo retiraron de la circulación por motivos de salud, los discursos de nueve horas resultan de lo más pernicioso para el que los pronuncia y para el pobre desdichado obligado a escucharlos. Confiemos no tarde mucho en reunirse con los demás tiranos que la espicharon en el dos mil seis, eso si es que no está ya muerto o criogenizado como el bueno de Walt Disney.

Paul McCartney se divorció de su segunda mujer, la separación le está arruinando la salud y vaciando la cuenta corriente. José Montilla, más conocido por estos lares como Pep Moscatell, fue erigido presidente de la Generalitat de Catalunya.

Desgraciadamente la lista de mis fantasmas favoritos aumenta año tras año.

El año pasado nos dejaron actores de la talla de Glenn Ford, Alida Valli, Jack Palance, Shelley Winters y Anthony Franciosa.

Falleció Richard Fleisher, director de películas tan sobresalientes como “20.000 leguas de viaje submarino”, “Sábado trágico”, “La muchacha del trapecio rojo”, “Bandido” o “Los vikingos”.

El mundo de la música ha sufrido un tremendo varapalo. El día de Navidad se tiñó de negro con la muerte del Padrino del Soul, el tipo más currante del mundo del espectáculo, el hombre de los 110 números uno, el fabuloso James Brown.
El prodigioso músico, todo un símbolo para la gente de su raza, falleció a causa de un infarto a la edad de setenta y tres años. Triste final para Mr. Dinamita. Tantos bolos, drogas, pollo frito, broncas con la policia, alcohol y somantas a la parienta pudieron con él.
Tenía que haber muerto sobre un escenario, con las botas puestas, o irrumpiendo a tiros en una reunión de supremacistas blancos.
Say it loud, I’m black I’m proud!
A lo largo del año pasaron a mejor vida Wilson Pickett, Lou Rawls y Billy Preston, quien se ganó el apodo de “quinto Beatle” por su colaboración en un par de discos de la banda.

También se han ido la excelente cantante de jazz Anita O’Day, no sabía ni quien era hasta que me pusó al corriente un buen amigo; el maestro de las congas Ray Barretto y Don Butterfield, virtuoso de la tuba que colaboró con músicos de la categoría de Frank Sinatra, Charles Mingus y Dizzy Gillespie.

Sirva este escrito, el primero del dos mil siete, como sentido homenaje a todos ellos, quienes al igual que los entrañables Reyes Magos, nos harán mucho más grato este año que no ha hecho más que empezar.

Felicísimo año, amigos.

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