martes, noviembre 28, 2006

Semilla de maldad


Cuán aburridos resultan los telediarios. Todo sea por la audiencia, viva la desinformación, abajo la objetividad.

Más que a informativos, se asemejan a gacetillas de sucesos. Cuando dan con una noticia que les procura telespectadores, empujan cuesta abajo la gran bola de nieve y repiten el mismo tipo de información hasta la saciedad.

Niños y abuelas víctimas de perros de ataque, probos e intachables empresarios, normalmente del sector de la construcción, apalizados y posteriormente desvalijados en su modestos chalés, violencia doméstica, individuos atropellados por trenes de cercanías mientras cruzaban la vía férrea, multitudinarios botellones.

La última nueva con la que nos bombardean los noticiarios es la de adolescentes que agreden brutalmente a compañeros, maestros y padres. Dios nos asista, la ley de la selva, la del más fuerte, los colegios e institutos de enseñanza de nuestro país en manos de vándalos, pendencieros y matones. Vamos, que uno no puede asistir a clase o impartirla sin el consiguiente riesgo de que algún delincuente juvenil le quiebre el alma.

Lo más socorrido es endosar la culpa de este comportamiento al hecho de que estos jóvenes tienen todas sus necesidades materiales más que cubiertas, están faltos de cualquier estímulo, se hinchan a comida basura, según numerosos estudios, determinados aditivos ponen de muy mala leche; abusan de los estupefacientes cada vez a edades más tempranas, están enganchados todo el santo día a violentísimos videojuegos, descargan verdaderas barbaridades de Internet, adoran el cine de casquería y las canciones cuyas letras contienen mensajes satánicos. Diablillos.

La violencia es algo inherente a nuestra naturaleza, asesinatos, guerras y matanzas han asolado el mundo desde tiempos inmemoriales. El Antiguo Testamento pone los pelos de punta, las grandes civilizaciones se crearon a base de mandobles, los Borgia no eran precisamente unas Hermanitas de la Caridad, el siglo pasado fue un auténtica escabechina; el actual, demencial.

De muy pequeño recuerdo haber jugado a policías y a ladrones o a indios y vaqueros, simulábamos peleas a puñetazos y nos cosíamos a balazos. Levanta las manos y tira el arma, eres hombre muerto, pum, pum, muerde el polvo.

A lo largo de mis años escolares fui presa de algunos abusones y me enfrenté a ellos en incontables ocasiones, participé en batallas campales entre distintos cursos, me harté de chucherías y pasé miles de horas delante del televisor, me encantaban las series de acción y las películas del Oeste, cuanto más fiambres, más entretenidas, pero en ningún momento y bajo ningún concepto se me hubiera ocurrido agredir a alguien, a no ser que fuera en defensa propia, y menos a un profesor, aunque ganas no me faltaron en algunas ocasiones.

Existía un código ético, unas pautas de comportamiento, había un límite que no se podía sobrepasar. Únicamente la clase criminal cruzaba esa frontera.

Desde hace unos años impera la agresividad, y por desgracia está aceptada e incluso bien vista. El éxito se asocia con un comportamiento desafiante, para ser alguien en esta vida hay que utilizar un lenguaje brutalmente honesto, sin tapujos, ser descarado, prescindir de todo pudor, humillar, insultar e increpar, llegado el caso habrá que recurrir incluso a la agresión física, pero de eso pueden encargarse otros.

Para triunfar hay que machacar a todo bicho viviente. Abandone sus desfasados modales, no me sea blando.

Hoy en día, parece mentira, son modelos de conducta, indeseables de la talla de los hermanos Matamoros, la aristocrática Belén Esteban, el borde del Dr. House o el nuevo fenómeno mediático, Risto Mejide, el odioso miembro del jurado de la no menos odiosa Operación triunfo. Sálvese quien pueda, caiga quien caiga, yo a lo mío, yo, mi, me, conmigo, al resto que le zurzan.

Este tipo de actitud prende a las mil maravillas en una sociedad hipercompetitiva que predica soluciones individualistas y que deja de lado la dimensión social de las personas.

Resulta de lo más hipócrita que luego nos asombre el comportamiento de algunos adolescentes.

La violencia no tiene nada que ver con ello, resultaría más beneficioso para estos muchachos que se programaran de nuevo en televisión sanas antañonas películas bélicas y westerns a tutiplén. En vez de pasar las vacaciones en Marina D’Or o encerrados en su cuarto delante de la pantalla del ordenador, sugiero ilustrativos viajes a Bagdag o la Franja de Gaza.

¿Y qué me dicen de instaurar de nuevo los duelos? Los chavales se lo pensarían dos veces antes de liarse a patadas de karate con un profesor que les ha incautado la cajetilla de tabaco.


5 comentarios:

Blogger elmundoensusmanos ha dicho...

Ostras Ivo:

Una vez más das en el clavo en un asunto de la mayor importancia. Como sabes, recién estoy inmerso en el mundo laboral (bien me hubiera hecho meterme antes para curtirme). El hecho es que lo que más me molesta y no me resigno a aceptar es justamente lo que criticas: la competitividad, la agresividad, la violencia verbal o moral (ya puestos los "yuppies" que brujuleamos por el ensanche para ir a la sazón del carácter, deberíamos llevar sujeto un florete y descargar adrenalina en los semáforos). ¡Pues digo como tú que no! A tomar viento con los males humores, la ira, la mala educación y el jefe de turno que como un energúmento le grita a uno desde el otro lado del pasillo. Bien dices que los jóvenes poco pueden aprender de tan pésimo ejemplo de sus mayores, de modo que personalmente me niego a ir a la zaga de tan paupérrimo ejemplo y simple y llanamente me voy a comportar como un perfecto caballero, o mejor dicho, como una persona humana. ¡Ya está bien de tanta miseria moral en una sociedad opulenta! ¡Levántense los humildes, los artistas, la simpatía, el grazejo, la música, las novedades, las ideas! ¡Y que les den por saco a los miserables, a los pusilánimes, a los agresivos! Bueno, me calmo, perdón, y a colación de tus sanas recomendaciones cienematográficas, me aventuro (aún a riesgo de una furibunda crítica tuya, Ivo, siempre bienvenida; conste que aún no me he repuesto de tu censura a Julio César de Manckievich) a proponeros que veáis alguna vez, Los Soprano. Más que por su calidad, por el tema objeto del artículo de Ivo, es que resulta estremecedor que cuando piensa uno que se estaría arrebujando en el sofá para ver pura ficción, un remake de El Padrino, desde la lejanía y la tranquilidad de vivir en una civilizada y pacífica Europa, cuando visiona uno hoy los Soprano, ya no es una serie de gángsters, terrible, sobrecogedora y tensa, lo sorprendente es que la panda de guripas que cosen a cuchilladas a un tipo por hacer unas bromas, se inyectan heroína en un coche tras pagar a un sicario, extorsionan a comerciantes o intentan matar a su sobrino, lo sorprendente digo es que estas historias no resulten espeluznantes o ajenas hasta la saciedad, sino que nos parecen que esos personajes podrían ser familiares nuestros.

En fin, una vez más te felicito Ivo por una aproximación tan aguda y certera a estos nuestros días y me alegra reenviar el artículo una vez más a una morterada de gente.

Un fuerte abrazo,
tu sobrino (veis como semos gángsters :)

Herr Emil

12:31 a. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

EL JEVI ES VIOLENCIA!!!
EL INDIE LA PRODUCE!!!!

NO MAS BIGOTES !!!



EL PICHA JARVEY

10:25 a. m.  
Anonymous GABI ha dicho...

IVO, NO TE PERDONARÉ JAMÁS QUE NO HAYAS MENCIONADO EL DECESO DE ANITA O´DAY EN TU BLOG!!!!!!!
QUE DECEPCIÓN...ME BORRO!!!
EXIJO UNA RECTIFICACION DESDE EL LECHO DEL DOLOR!!!
(si: fue junkie,borracha y pendenciera y cantaba de cojones...¿que pacha?)

4:04 p. m.  
Blogger Ivo von Menzel ha dicho...

¿Quién coñe es Anita O'Day?
¿La componente trompa de alguna coral irlandesa?
¿Alguna pilingui de la Factory?
¿Una actriz de reparto de películas Blackexplotation?
Me informo y escribo algo al respecto.

El reporter Tribulete

4:47 p. m.  
Anonymous Gabi ha dicho...

ARGGGGGHHHHHHHH!!!!!

10:54 a. m.  

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