miércoles, septiembre 05, 2007

Tentación



Muchos feroces antinorteamericanos, adalides de la antiglobalización, aficionados a Manu Chao y cómplices de asesinos como Castro, prefieren olvidar que en los años de entreguerras del siglo XX emigrar a Norteamérica suponía una gran tentación.

Europa se había convertido en un reino de taifas (erre que erre seguimos en las mismas) y para un espíritu libre era preferible la libertad que le ofrecía el continente americano (lo que no quita que después se ironizara sobre la ingenuidad de sus habitantes) a la barbarie cartesiana que se gestaba en tierras europeas.

Ese fue el caso del húngaro János Székely, novelista y guionista de Hollywood, típico producto de la monarquía austro-húngara, que tantos talentos no reconocidos legó al mundo.

Nacido el 7 de julio de 1901 en Budapest en el seno de una familia humilde tuvo una infancia dickensiana (y que después trasladó a su novelística): huérfano de padre a los pocos años tuvo que ayudar a su madre a tirar adelante la frágil economía doméstica.

Con quince años ya publicaba poesía, pero los redactores no lo conocían en persona, pues no tenía unos pantalones largos para acudir a las entrevistas (¡cómo ha cambiado el mundo: hoy hasta los obispos van en bermudas!).

De tendencia pacifista y antibélica, con la llegada del almirante Horthy (el único y surrealista caso de un país sin mar con un almirante como caudillo) a Hungría (Hungría pasaba de estar en la cárcel de los pueblos, tal como denominaban los nacionalistas la monarquía danubiana a convertirse en un infierno para los espíritus libres), Székely emigró en 1919 primero a Viena y después a Berlín (la típica ruta de la emigración europea: Viena-Berlín-París-Nueva York).

En los trenes de cercanías de Berlín, donde seguramente se cruzó con el mago ruso Nabokov, escribía sus poemas, relatos y piezas teatrales.
Y en Berlín tomó contacto con la potente industria cinematográfica, firmando el guión para la película Namenlose Helden (Héroes anónimos) de Kurt Bernhardt, protagonizada por la famosa actriz berlinesa Lilli Schoenborn.

En 1928 entró a trabajar para la UFA y escribió guiones para directores como Erich Pommer, Hans Schwarz y Johannes Meyer, hasta que en 1934 lo fichó el mismísimo Ernst Lubitsch y se lo llevó a Hollywood para trabajar en el guión de un película de Frank Borzage, Desire, con Marlene Dietrich y Gary Cooper.

Desde entonces Székely no dejó de viajar entre EE.UU. y Hungría (su madre seguía residiendo en Budapest) hasta que el 29 de abril de 1938, poco después del Anschluss, abandonó Europa y se estableció en Nueva York, donde se casó con la joven actriz húngara Erzsebet Bársony (con la que tuvo una hija, que reside en Suiza).

Székely siguió trabajando para Hollywood desde la costa este e incluso en 1940 consiguió un Oscar al Mejor argumento original por Arise, My Love de Mitchell Leisen, con Claudette Colbert y Ray Milland (Wilder y Brackett firmaron el guión, pero la idea original era de Székely).

En los años cuarenta inició su carrera como novelista bajo el pseudónimo de John Pen (utilizó el de John S. Toldy para los guiones y ello porque, debido a su postura claramente antibélica, temía represalias contra su madre de los camisas negras húngaros).

En 1941 publicó la novela corta The Dynamiters, que después se llamaría You can’t do that to Svoboda, brillante sátira protagonizada por un típico pirado checo (seguramente inspirado en el buen soldado Švejk de Hašek; que me dicen que Acantilado va a recuperar para el lector español en traducción directa del checo) de nombre Svoboda (libertad), que con su verborrea anima el aburrido pueblo bohemio y que lleva un cuarto de siglo esperando en la estación de ferrocarriles (los trenes y Centroeuropa) a que un viajero le encargue que le lleve el equipaje.

Con la entrada en marzo de 1939 de las tropas alemanas en el pueblo el cotarro se animará y nuestro protagonista será acusado de atentar contra el mismísimo Hitler...

Después de esta ácida sátira, que tuvo una adaptación teatral, en 1946 publicó Temptation, su gran proyecto novelístico.

Tentación (cuya traducción al español publicará este mes de noviembre la editorial Lumen) cuenta la historia de Béla, fruto de la aventura pasajera de una campesina húngara a los dieciséis años poco antes de la Primera Guerra Mundial.
A Béla lo cría una arpía que se ocupa de los hijos bastardos del pueblo hasta que, después de iniciarse en los misterios de la vida en la planicie húngara, a los catorce años se traslada a Budapest para vivir con su madre.

Allí entrará a trabajar como botones en un hotel, donde, historia hrabaliana, de día asistirá a la vida disoluta de una burguesía aburrida y de noche a la sórdida vida de los arrabales de la capital húngara.
En el hotel conocerá las tentaciones de la vida y flirteará con los movimientos obreros y con el nazismo (paradojas europeas).

Como botones nos muestra la vida de entreguerras en una de las metrópolis centroeuropeas de la época más apasionantes (junto a Belgrado y Constantinopla).

Finalmente, con dieciocho años se embarca finalmente como polizón en un barco en dirección al continente americano (la idea de Székely era escribir una trilogía, pero la muerte truncó sus planes).

En 1949 Székely huyó con su familia a México, pues los cazadores de brujas de McCarthy lo tenían en su lista negra.

Debido al irrespirable clima político americano Székely decidió volver a Europa, esta vez a Potsdam, contratado por la DEFA (cuando Budapest sufría la invasión de las tropas soviéticas).

Sin embargo, en la Navidad de 1957 cayó gravemente enfermo (ya arrastraba una grave enfermedad de los ojos, por lo que todo se lo dictaba a su mujer) y murió en Berlín el 16 de diciembre de 1958.

Sus cenizas yacen en un cementerio de Budapest.
Como las cenizas de toda esa cultura centroeuropea que se elevaron hacia el cielo por las chimeneas industriales de los fariseos.

Maximilian von Czernowitz

1 comentarios:

Blogger LeoVerdura ha dicho...

Una sobredosis de buena literatura.
Acabo de terminar "Tentación". Lo mejor que he leído en los últimos años (leo bastante). Es un libro peligroso, te engancha desde la primera línea hasta el final.

2:02 a. m.  

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