lunes, julio 16, 2007

Fiesta



Después de nueve días ininterrumpidos de desafuero, los miles de cabestros (a los de más noble estampa les dan matarile en la plaza) que llenaban la plaza del ayuntamiento se desanudaron el pañuelico rojo y entonaron el tradicional “Pobre de mí”.

Año tras año Pamplona se convierte en el paraíso del exaltado:
anfetamínicos corredores profesionales, expertos en procesiones, curdas terminales, carcas con diviesos en la axila de tanto levantar el brazo, sietemachos de todas las raleas, curitas encomendados al Santo Patrón, aberzales peinado casco encomendados a la causa (ojito que Pamplona es Iruña), famosillos en desgracia o desgraciados en busca de fama, nudistas antitaurinos y carlistas de los de jersey al hombro y raya en medio.

El Estado gasta anualmente una fortuna en campañas para la prevención de adicciones y para erradicar la conducción en estado de ebriedad; la Santa Iglesia Católica castiga desde tiempos inmemoriales los excesos, pero durante esta festividad, que para más inri toma el nombre de un Santo, las fuerzas vivas hacen la vista gorda.

Poco importa que los turistas colapsen los servicios de urgencia por coma etílico o que los niños se desayunen con calimocho.

Se divierta el populacho, démosle durante unos días manga ancha al oprimido vulgo, la resaca de vinazo será de tal magnitud que la plebe no osará protestar hasta el inicio de los próximos festejos.

Los encierros son parte fundamental de esta gaudeamus.
En ellos se dan cita los valores más representativos de nuestro pueblo.
El valor y gallardía de los mozos, la hidalguía, la lealtad, la camaradería, la prestancia y la distinción.

El regodeo estético que supone ver a cientos de borrachuzos en desbandada esquivando y aterrorizando a tan inocentes animales.

A la hora de correrlos es fundamental conocer al toro.
Los astados suelen ser negros o marrones y los corredores visten generalmente de blanco.
No obstante, siempre hay algún émulo de Hemingway que acaba toreando a algún chicarrón del norte y abrazándose a algún miura.

Tras tan tonificante sesión, nada mejor para recuperar las sales minerales perdidas y quitarse el olor a boñiga que refrescarse a base de cachis (para el profano, vaso de plástico de 750 ml lleno a rebosar, normalmente de morapio de la peor calidad o de combinado de licor de garrafón), dar buena cuenta de unos pintxos (cuanto más grasientos mejor), enzarzarse a hostias con el primer piel roja que nos falte y echarse un reparador sueñecito al raso rodeado de desperdicios y desechos humanos.

Enorgullezcámonos de la belleza de lo nuestro, de la grandeza de nuestro pasado, de la campechanía de nuestra gente, del esplendor de nuestra cultura, de la gracia de nuestras tradiciones.

Demos gracias por ello.

España es “asín”.

7 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Los toros, otra mierda más de este, su pais.



Carol

9:14 a. m.  
Anonymous Banderillero de Jumilla ha dicho...

Carol,
precisamente el encierro de Pamplona podría ser una alternativa a las corridas. Sin necesidad de matar al toro, podrían realizarse encierros en toda España, corriendo los mozos y mozas sin capote ni espada, perseguidos por las vaquillas y toros, que no sufrirían daño alguno. Es mi proposición para mantener la "fiesta nacional" respetando la integridad física del bovino y la emoción del enfrentamiento con el astado, ambas cosas. San Fermín es exagerado y se presta más a los accidentes por el alcohol se bebe exageradamente. Seguro son mucho mejor otros encierros, en Cardona, por ejemplo, pueden disfrutar de uno magnífico. Este hermoso pueblo sito en el corazón geográfico de Cataluña, que celebra la "diada" varios días después del 11 de septiembre, por haber tenido en su día la valentía de haber aguantado con más brío el embite de Felipe V, practica los encierros cada año, lo mismo que en otros países hay peleas de gallos o carreras de caracoles.

Que no se mate al animal, comparto esta postura,
pero
¡Desdramatice Carol!
¿A caso usted no ha comido nunca un bistec?¡Ése no se coge de los árboles!

Saludos.

Banderillero de Jumilla

2:02 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Ah bueno, gracias por la aclaración. Desdramatizaré pues.

Pero,

calimotxo/san fermin = MALO ?

birra/vermú/dar voces = BUENO ?


con cariño desde lejos,
Carol

2:56 p. m.  
Anonymous Toro Sentado ha dicho...

Carol,

tan lejos no debes estar que tu teclado gasta acentos y eñes.

Fijo que es un maulet infiltrao separata antituarino.
¿Cómo puede ser un independentista antitaurino cuando Barcelona llegó a tener tres plazas de "braus"?
¿Y el correfoc?
¿Y demás fiestas con el toro como telón de fondo que se celebran en Cataluña?

Tendrá que ver el tocino con la velocidad.

La taja vocinglera (siempre que no sea en privado) es harto molesta.

Por favor, no comparemos el vermú de buena calidad (hace cientos de años que se elabora con sumo cuidado) con esa guarrada destrozaneuronas llamada calimocho.
¿A que clase de animal se le ocurririría mezclar vino peleón con refresco de Cola?

Bebida apta únicamente para kaleborrokos descerebraos (la bebida sirve a su vez de cóctel molotov), punkos mugrientos y guiris autodestructivos.

Saludos cordiales,

T.S.

3:21 p. m.  
Anonymous Barman ha dicho...

¡Abajo el calimocho!
¡Me dejan los suelos hechos unos zorros!
Los benjamines deben beber cosas mejores.
De todos modos, ¿el vermú no es bebida muy apreciada por las damas en forma de Martini?

Barman

5:17 p. m.  
Anonymous Toro Sentado ha dicho...

¿Insinúa usted que el vermú no es bebida de hombres?
No olvidemos que es un invento de nuestros correligionarios italianos.
¡La guerra e finita, Abisinia e nostra!

¿Acaso no es viril un vermú dominical en compañía de la numerosa familia, camaradas y allegados?

¿Existe tradición más española que darle a las sin hueso y a la anchoa el domingo después de misa?

¿Qué sería del Dry martini, cóctel por excelencia, sin la contribución del preciado vermú?

Y además de eso, hay señoras que lo toman antes de la comida; eso o un oporto, un Jerez o una copa de vino blanco.

¡Loado sea el vermú!

5:30 p. m.  
Anonymous Damien Karras ha dicho...

Por una vez estoy de acuerdo con usted, señor anfitrión digital. Así se habla!

7:03 p. m.  

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