miércoles, julio 11, 2007

Con la música a otra parte



Los músicos del metro de Barcelona deberán pasar una selección.

El eximio Ayuntamiento de Barcelona ha decidido establecer una prueba para escoger a los intérpretes que quieran tocar en el subterráneo de la Ciudad Condal.

"Se trata de de garantizar la calidad de la música" y "facilitar las funciones preventivas de control", explica en un comunicado Transports Metropolitans de Barcelona.

Tres hurras por nuestro melómano concejo que vela por los oídos de la ciudadanía.
Exquisita medida, admirable sensibilidad.

Que ninguna nota disonante disturbe la paz de los ilustres turistas que visitan nuestra mundana urbe.
No nos engañemos, esta es otra de las disposiciones del cabildo destinadas a nuestros refinados visitantes, nobleza obliga, la nuestra es una metrópoli hospitalaria que se desvive por los viajeros.

¿O acaso han visto ustedes alguna vez a alguien deleitando a los usuarios con el Concierto en sol mayor de Telemann en la parada de Santa Coloma, Trinitat Nova o Valldaura?

Aclarado el punto de que el forastero (el que viaja en compañías de vuelo de bajo coste, no en patera) recibe un trato preferente, centrémonos en el verdadero protagonista de la nueva normativa, el músico.

Manda bemoles que el consistorio responsable de la desconsideración y precarización que vive, desde hace ya algunos años la música en directo en Barcelona, organice un casting de intérpretes.

¿Es tan fuerte el influjo de Operación Triunfo y Factor X que hasta los estamentos públicos predican con el ejemplo?
Usted, el señor indio de las coletas, el chalequillo de alpaca y la flauta de pan, está nominado.

Después de haber cerrado una sala tras otra sirviéndose de los pretextos más peregrinos, de crujir a impuestos a los dueños de los garitos donde se celebraban actuaciones, de fomentar los macrofestivales donde las bandas y solistas barceloneses brillan por su ausencia, de programar cada año los mismos carísimos conciertos de patéticos estrellones caídos en desgracia (Van Morrison, Pat Metheny, George Benson, Al Jarreu o los Earth, Wind and Fire ya nos son tan afines como la escudella) para regocijo de nuestra intelligentsia (Pasqual, no te pierdas los canapés de salmón marinado, nata ácida y caviar rojo que son de Semon), de cederle año tras año toda una plaza a María del Mar Bonet para que torture al sufrido vecindario con sus voz que sabe a Mediterráneo, de subvencionar en nombre de la diversidad la rúa de Carlinhos Brown (sambero y sandunguero que es Clos) a la par que sometían a incesante persecución a los músicos callejeros; después de todo eso y mucho más, tienen la osadía y los santos redaños de llevar a cabo semejante sandez.

Es indigno, abyecto y rastrero que la alcaldía haya dado este paso únicamente para que cuatro salvajes en taparrabos disfruten de unos momentos musicales en vivo mientras esperan un metro de última generación que les llevará al templo de la Sagrada Familia.

Velemos por nuestros amigos los guiris que se dejan sus buenos duros en tanques de cerveza, paellas fosforescentes y sombreros mexicanos.

En la superficie sigue abierta la veda del acoso y caza del músico barcelonés, a este paso, una especie en extinción.

5 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Vendo llama famélica pero muy cariñosa con lo niños. No escupe como los chinos. De regalo unos bongós y una ocarina. Razón aquí.




Gedeón Pichinche

8:39 a. m.  
Anonymous Pampero Torres ha dicho...

Lo lógico sería que echaran a un músico del metro sólo si lo denunciaran por desafinación, pero nunca
a priori.
El espacio público es público. El otro día vi una moto con radio flamenca incorporada y debe permitirse también que se alegre quien no puede abandonar el vehículo.
Está bien que el ayuntamiento promueva y subvencione la cultura, pero no que la fiscalice y censure, eso es propio de otros tiempos.

Pampero

11:13 a. m.  
Anonymous Inacio ha dicho...

Pues yo, señores, encuentro la media muy cabal. Imaginense entrar en el metro a las siete de la mañana de un lunes, con una larga y agotadora jornada laboral por delante y toparse, sin anestesia, a Los soberanos tocando alguno de sus "temas"....Cielo Santo!

10:42 p. m.  
Anonymous Mario Conde ha dicho...

Haber estudiado algo de provecho.
Así no tendría usted que coger el metro a horas tan intempestivas.
Podría irse al trabajo a eso de las once, o trabajar desde su domicilio.
Basta con un portátil y un móvil.

¿Larga y agotadora jornada laboral?
Dos llamadas, cuatro firmas y a comer.
¡Pringao!¡Piltrafilla! ¡Matao!

¿Los Soberanos al alba?
¡Ja!
Todavía hay clases.

Pero en un punto tiene usted razón, la media es muy cabal, deberían prohibir los panties.

Cordiales saludos,

9:22 a. m.  
Anonymous Celtic Soul Brother ha dicho...

Cuanta razón tiene Ud.

¡Y que dicharachero es nuestro consistorio!

Con lo fan que soy del "perroflautismo"...

5:47 p. m.  

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