lunes, abril 30, 2007

No me trago la película


No soy persona de férreas convicciones, creo firmemente en el beneplácito de la duda, y en el sagrado derecho a poder cambiar de opinión si fuera menester.
Hace unos días estuve hablando sobre cine con un amigo al que me unen grandes diferencias.

Mi querido camarada, entre cerveza y cerveza, me acusó de ser un inmovilista y un cerrojo.

Como ya les he señalado antes, soy de natural dubitativo y no suelo adoctrinar, catequizar, aconsejar o aleccionar a quienes me rodean.
Tampoco gusto de pronunciar máximas.

De adolescente es costumbre que uno quiera cambiar el mundo.
Con la edad, uno procura que el mundo no le cambie demasiado.

Dentro de este mar de dudas hay únicamente cuatro cosas que si que tengo muy claras y que suelo aplicar en mi vida diaria:
tenga siempre una sonrisa a mano, sea cortés e interésese por la vida de sus camareros habituales, no preste especial atención al dinero, recele de los tipos que lleven mocasines con el traje, no asista a ninguna cena de empresa, no compre suéters y calcetines de mala calidad, no se embarque en ninguna causa, sea un anfitrión dadivoso, no tome cerveza después de haber bebido vino, no se haga de ningún club que lo acepte como socio, huya de los restaurantes de diseño, no haga partícipe a los demás de sus miserias, sea generoso con el aceite de oliva y, bajo ningún concepto, vaya a ver una película de estreno.

Ni sueca, ni yanqui, ni coreana. Prescinda de cualquier largometraje rodado después de la segunda mitad de la década de los sesenta del pasado siglo (salvo escasísimas excepciones).

Muertos los pioneros, muertos los buenos guiones, la correcta planificación, el montaje consecuente, la dirección de actores, el ritmo, la agilidad, la modestia, la economía de medios, el diálogo medido, el oficio y la profesionalidad.

Hoy se siguen rodando películas, duda cabe, pero no cometamos la temeridad de llamarlas cine.

Vuelvan Ford, Hathaway, Hawks, Renoir, Lang, Walsh, Hitchcock, Lubitsch y lo vean.

Como colofón, un artículo de Javier Marías que ilustra a las mil maravillas el tema que nos ocupa.


Debo preocuparme

Cada vez entiendo menos, pero no me falla.
Sin duda el que debe preocuparse soy yo: tendré el gusto estragado, o anticuado; quizá ni siquiera sea un escritor, y es del todo imposible que sea un intelectual.
Lo cierto es que cada vez que hay una película que mueve a los escritores e intelectuales a ocuparse de ella espontáneamente, a entusiasmarse, a ver en sus imágenes y en su guión profundos y complejos mensajes, caigo en la trampa, voy a verla y, casi invariablemente, a mí me parece una tontada pretenciosa y hueca,
cuando no algo peor.

Me pasó con las películas de Von Trier en general, y en especial con aquella en la que la cantante Björk hacía de ciega seráfica durante tres horas, entre canción y canción.
Me pasó con American Beauty, de Mendes, de la que por suerte se me ha olvidado todo menos la escena digna de spots -e imitada por tanto en los spots- en que sobre el cuerpecillo de una joven caía una lluvia de pétalos rojos con cursilería insuperable.
Hasta me sucedió con Mystic River, del otras veces admiradísimo Eastwood, que me resultó poco creíble, amanerada y con un Sean Penn para darle de pescozones, que por lo demás suele merecer en casi toda ocasión. Me ocurrió con Crash, de Haggis, en la que los buenos no lo eran tanto ni los cabrones tampoco, qué lección.

Pero nunca escarmiento y siempre pico, así que este año me fui a ver, tan esperanzado (bueno, miento: su afamado guionista me había dado ya algún disgusto, Peckinpah mediante), la celebradísima Babel, de González Iñárritu.

Hace ya tiempo que se ha puesto de moda -yo creo que por su facilidad- un tipo de película y de novela a las que con frecuencia se aplican dos o tres adjetivos de los que debería ya huir como de la peste: si el autor o los críticos califican la obra en cuestión de "coral" o "fragmentaria", de "mestiza", "multicultural" o "intercultural" (tanto da), empiezo a desconfiar.

Cuando hay muchos personajes y ninguno sobresale sobre los demás, lo normal es que acabe por no haber ninguno, sino arquetipos apenas trazados; cuando se entrecruzan varias historias, lo habitual es que en realidad no haya ninguna, sino unas cuantas "situaciones" estancadas o empantanadas; cuando aparecen gentes de diversas culturas o lugares, suelen estar retratadas con cuatro pinceladas tópicas y "periodísticas", que subrayan un mensaje ramplón: cuanto más pobres las gentes, más generosas, alegres y bondadosas; cuanto más ricas o de países pudientes, más egoístas y superficiales.
Y luego, para que a todos esos personajes les ocurran desgracias o cosas tremendas, conviene mucho que sean idiotas y metan la pata sin cesar.
Esto sucede sin cesar en Babel.

Tantos espectadores la han visto ya, transidos, que no creo destripar mucho si recapitulo un poco.
Unos niños pastores marroquíes se hacen con un rifle que disparan sin ton ni son y como si la munición saliera gratis.
A un matrimonio americano, que ha perdido a un hijo, no se le ocurre otra cosa que dejar a los dos que le quedan e irse a miles de kilómetros -no se sabe a qué-, a una zona semidesértica de Marruecos casi en medio de la nada.

La señora mexicana que cuida a esos niños no tiene otra idea que cruzar la frontera con ellos y con un sobrino impulsivo para asistir a una boda en el país vecino, y el guionista se encarga de que todo lo hagan tan mal como para acabar tirados en medio del campo, bajo una solana que deshidrata a los críos, y perseguidos por la policía de inmigración.

Una joven japonesa sordomuda (pero que más que sordomuda parece retrasada mental) deambula por Tokio con sus amigas y una "necesidad de comunicación" -observan con agudeza los intelectuales- que se confunde fácilmente con salidez: primero les
enseña el chumino a unos horterillas de su edad, luego al dentista, luego se le desnuda del todo a un poli que no sabe qué hacer.

Para que haya alguna conexión con todo lo anterior, el anodino guionista hace que el rifle en manos de los niños pastores fuera regalado por el padre japonés de la
sordomuda al guía que tuvo durante una cacería (?) en esa zona semidesértica de Marruecos en la que no se ve ni un animal, cabras aparte.

Los marroquíes pobres son muy buenos y solidarios con la mujer americana malherida de un balazo pastor; los de la boda mexicana son muy vitales y cariñosos; la situación de la americana se eterniza, se estira; las escenas de la boda, también; las andanzas de la sordomuda la llevan a tirarse diez o más minutos de metraje bailoteando con los horterillas en una discoteca de la que el espectador no ve la hora de salir.

Todo con una música pedante y envarada, a la que en vista de eso se le ha concedido el Oscar este año.
Todo me resultó falso, gratuito, huero, mal hilado y artificial.
Eso sí, acompañado de mucha intensidad postiza por parte de guionista y director, de un solemne gesto de "genialidad".

Bien, según numerosos críticos de diferentes países, según la Academia de Hollywood, según escritores e intelectuales sin cuento (desde Carlos Fuentes hasta mi gran amigo Manuel Rodríguez Rivero, al que mucho rodríguezvenero y respeto más), la película es efectivamente genial, como todas las otras que he mencionado.

Ya lo he dicho al principio, está claro: aquí el único que debe preocuparse soy yo.

© Javier Marías

14 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Me parece estupendo que no te gusten muchas cosas, a mi me pasa lo mismo y a Javier Marías también, como al resto de la humanidad. De todas formas para saber si algo te gusta o no, lo tienes que haber visto antes. Si juzgas algo basandote en suposiciones lo que haces es crear un prejuicio. Míralo primero y luego juzga, quizás te lleves alguna que otra sorpresa. No te fies solo de lo que crees que vas a encontrar. Pero hombre, si hasta Bo Didley lo dice. Y ese tio tiene que tener razón.

7:14 p. m.  
Anonymous mireia ha dicho...

Claro! como que en las pelis de antes no había incongruencias y episodios nada creíbles...
Veamos... Las minas del Rey Salomón.
Durante la expedición se ven asaltados por una estampida de llamas, gacelas o algún animal semejante que ahora no recuerdo... Porteadores y la parejita de protagonista intentan salvaguardar sus vidas como pueden y ahí el Stweart Granger tiene que enfurecerse con un aterrorizado nativo porteador y obligarlo a guarecerse tras unos matorrales porque claro, es de todos bien sabido que los negritos son tontos y tiene que ir un británico a enseñarles a desenvolverse en su propio habitat...

Por no hablar de las incongruencias de los títulos... Chinatown. Se pasea un rato el Jack nicholson por ese barrio y es suficiente como para dar nombre a toda la peli, cuando la sobrecogedora historia hubiera podido transcurrir tanto en mi barrio como en Noruega...
Y el Cartero porque siempre llama dos veces?

En fin... y eso que yo no voy nunca al cine...

7:43 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Ahí le has dao!
Que le den pol culo al cine uropeo y sueco y de usar lentes

Vivan Danny Kaye, Mickey Rooney, Victor Mature, W. C. Fields y Esther Williams!

Y a Soraya (lo ví, lo ví)



Hermenegildo Cena

10:25 p. m.  
Blogger Ivo von Menzel ha dicho...

You can't judge a book by its cover...
En su día me tragué por prescripción facultativa todos los estrenos habidos y por haber.

Eran los días de los tan cacareados cineastas independientes (Jarmusch, Cohen, Lynch, Kieslowsky, Greenaway, Loach).
Mucho Casablanca, mucha carretera polvorienta, mucho Verdi, mucha chupa de serpiente, mucho piano y mucha gilipollez.

Paralelamente revisé los clásicos (me dejé el sueldo en la filmoteca).
Ojo, los clásicos, clásicos.
Nada de Coppolas, Polanskys, Spielbergs y Scorseses.
Hablo de esos señores que forjaron su oficio con el cine silente y entraron en el sonoro aplicándose el cuento de que la imagen era la que debía tener la fuerza, y que la historia que explicaban debía prevalecer por encima de todas las cosas.
Ni dirigismos, ni poses, ni manierismos.
Explícame una buena historia y tenme sujeto a la butaca desde los créditos de inicio hasta que se vuelvan a encender las luces.

Hoy el "cine" está contaminado por otros lenguajes (dirigen los publicistas, los videocliperos, los dibujantes de tebeos, los escritores analfabestias y las estrellas mediáticas) y lo único que consigue provocarme es bostezos.
No vale nada de nada.
Y no pienso pagar siete euros (o lo que cueste ahora una entrada) por una película que de antemano me va a defraudar.
Sigo todos los programas televisivos sobre cine. Veo los avances y los trailers, y sinceramente, todo es pura basura.

¿Qué tal la película que fuiste a ver?
Estaba bien.
Tenía un gag buenísimo y la música era espectacular.
Sólo oyes comentarios de este tipo cuando la gente comenta la última película que ha visto.
Se ruedan cortos de Escuela de Cine de 2 horas o estomagantes spots publicitarios.
¡EL cine ha muerto!

Querida Mireia,
el cine de género tiene sus pautas, en el cine de aventuras colonial los indígenas han de ser tontos de baba (remember Tarzán, Hatari, Cuando ruge la marabunta, La senda de los elefantes o Mogambo) y han de obedecer a rajatabla las órdenes del Gran Hombre Blanco.

Pasaba algo parecido en las comedias sofisticadas de los años treinta y cuarenta.
Los negros llevaban chaquetilla blanca, eran camareros en los Pullman, abrían los ojos como platos y decían sandeces.
"Chinatown", ¿dónde va usted a parar? Esa película es modernísima...

¡Vivan!
¡Escuela de sirenas no se la salta un galgo!

11:52 a. m.  
Anonymous mireia ha dicho...

Modernisima???? pero no es de los 70 esa peli???
Bueno, aunque considerando que el pasado 31 de diciembre celebramos la entrada de 1968, sí cabría decir algo así...

Pero oiga, Don Ivo, por qué "El cartero siempre llama dos veces", ¿qué tiene que ver ese título con la película?
Tras re-verla pensando que me había perdido algo acerté a descubrir un cartero pero ni llama 2 veces, ni 3, ni una y su aparición no tiene absolutamente ninguna consecuencia dentro de la trama... Venga! haga usted gala de su vasto conocimiento cinéfilo y explíquemelo!

12:10 p. m.  
Blogger Ivo von Menzel ha dicho...

Estimada Mireia,

El cartero siempre llama dos veces está basada en una novela del mismo título de James M. Cain.
John Garfield está, como la mayoría de las veces, soberbio; Lana Turner borda su papel de pilingui barriobajera asesina de estación de servicio.

En esta primera versión Correos juega un papel fundamental en la resolución de la trama, pero claro, supongo que usted se refiere a esa horterada de remake que interpretaron Jack Nicholson (más ido que nunca) y una sobreactuadísima Jessica Lange.
Es triste que únicamente sea recordada por la tórrida secuencia de la cocina.

Le recomiendo encarecidamente no trate de buscar puntos lógicos en muchas novelas y películas de este género.
Existen películas noir soberbias que no tienen ni pies ni cabeza.
El sueño eterno, Senda tenebrosa, Historia de un detective, La dama de Shangai.
Déjese llevar por la atmósfera envolvente, los personajes arquetípicos, los locales cargados de humo, las noches interminables, el tono onírico y los diálogos ametralladora.
¡Purito género!

12:41 p. m.  
Anonymous mireia ha dicho...

Aaaaaaaahhhh!
acabáramos! gracias por la info, habrá que leerse el libro pues para resolver el enigma...

Como ya manifesté, no he frecuentado nunca los cines y mi escaso bagage al respecto se debe a las películas emitidas en Sesión de Tarde y a las colecciones de DVD's de Planeta de Agostini (el mejor ciene de R. Redford, de R. De Niro, de Jack Nicholson (sí, a esa versión me refería), grandes exitos de Hollywood, cine de acción, de Mafias...) que las circunstancias llegaron a poner en mi mano.

Muy agradecida.

1:36 p. m.  
Blogger Ivo von Menzel ha dicho...

A su entera disposición.
Un placer.

Saludos cordiales,

Ivo

1:49 p. m.  
Anonymous Rosvita, La Monja ha dicho...

Evidentemente, como toda persona civilizada sabe, el cine se acabó con "El Acorazado Potemkin". El resto son notas a pie de página, entretenimiento, algo así como ir a los toros...

10:40 p. m.  
Anonymous Ginger Rogers ha dicho...

¡Esa película es un maldito libelo bolchevique!
¡Una ignominia, una patraña roja!
¡Deberían quemar todas las copias!
¡Exijo una nueva caza de brujas!

1:05 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Babel es una chorrada para pijos progres de Barcelona. Sres. el cine se está muriendo y no nos damos cuenta. Cada vez cuesta más encontrar una película mínimamente inteligente, ya sea comedia -esto casi imposible- o drama. Antes solía ir hasta tres y cuatro veces por semana al cine. Ahora hace más de tres o cuatro meses que no me acerco a una sala cinematográfica. El cine español está enterrado (gracias a sus progres directores, actores y productores), las superproducciones nacionalistas chinas no me van, tampoco el cine francés actual, ni el dogma, ni Shrek 14 o Spiderman 8. Las películas pretendidamente cool, indies, no son tal, sino videos vacíos con actores mediocres y sin guión. Sólo me queda alquilar pelis de Kurosawa o Ford (por decir un par) y seguir aprendiendo algo de cine.
Mis más cordiales saludos,

6:33 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Es paradigmático de los tiempos que nos han tocado vivir que Clint Eastwood pase por un gran director de cine (?). Creo que con esto está todo dicho.
No sé si Vd., Sr. Von Menzel, es aficionado al género de géneros, el western, pero en todo caso y salvando prejuicios, le recomiendo encarecidamente que vea una película de Henry Hathaway titulada TRUE GRIT (aquí llamada VALOR DE LEY, aunque también podrían haberla llamado LOS TENIA BIEN PUESTOS, con un inconmensurable John Wayne, un guión chispeante, una fotografía bellísima, acción y aventuras...También reconocerá a un joven Glen Campbell en el papel de ranger de Texas.
Mis más cordiales saludos,

6:44 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Es paradigmático de los tiempos que nos han tocado vivir que Clint Eastwood pase por un gran director de cine (?). Creo que con esto está todo dicho.
No sé si Vd., Sr. Von Menzel, es aficionado al género de géneros, el western, pero en todo caso y salvando prejuicios, le recomiendo encarecidamente que vea una película de Henry Hathaway titulada TRUE GRIT (aquí llamada VALOR DE LEY, aunque también podrían haberla llamado LOS TENIA BIEN PUESTOS, con un inconmensurable John Wayne, un guión chispeante, una fotografía bellísima, acción y aventuras...También reconocerá a un joven Glen Campbell en el papel de ranger de Texas.
Mis más cordiales saludos,

6:45 p. m.  
Blogger Ivo von Menzel ha dicho...

Querido compadre,

considero que el injustamente denostado e infravalorado western es el género de géneros, y que ha dado alguna de las películas más apasionantes de la historia del cine.
"Valor de ley" es una película hecha con oficio, aunque se nota que a Henry le pesaban un poco los años.
El tono del filme es algo desangelado, cansado, equiparable al de "Rio Lobo" (la última película de Howard Hawks).
John Wayne, inconmensurable, como la mayoría de las veces.
Lo triste es que le dieran el Oscar por este largo, cuando tenían que haber premiado su labor muchos años antes.
Lo peor de todo es que lo tuvo que recoger de manos de Barbra Streisand (como si el Duque no hubiera tenido suficiente con el cáncer).

La que se me antoja realmente insoportable es la mocosa marisabidilla de la película.

Le recomiendo encarecidamente otros westerns de este director:
"El jardín del diablo", "Los cuatro hijos de Katie Elder" o el descacharrante "Alaska, tierra de oro".

Un abrazo,

Ivo

11:44 a. m.  

Publicar un comentario

Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]

Enlaces a esta entrada:

Crear un enlace

<< Página principal