martes, diciembre 18, 2007

Fortunas y adversidades de Sherlock Holmes



A pesar de su fama, o quizá precisamente por ella, Sherlock Holmes fue un incomprendido, y nadie puede saberlo mejor que yo, su fiel amigo e inseparable compañero en tantas aventuras.
Su proverbial sagacidad aplicada a los asuntos criminales hizo de él el mejor detective de Europa; pero me atrevería a decir que los mismos éxitos de su brillante carrera oscurecieron su perfil humano.

Él quería que fuese así, que el público lector que sólo podía conocerle por mis crónicas, le viera como una máquina deductiva, infalible y casi inhumana; o sobrehumana, porque no era ajeno a una pretensión no poco pueril, si se me permite opinar, que algunos psicólogos modernos han llamado la fantasía de la omnipotencia.
Por otra parte, el cultivo de su leyenda protegía su intimidad, de la que era muy celoso; sus sentimientos debían permanecer ocultos, sus errores y fracasos también, venía a ser, como a él le gustaba decir, un personaje de palo más quimérico que real. Eso ha permitido que se formularan hipótesis tan grotescas como la que supone, risum teneatis?, que nunca existió.

Hoy, cuando ya no está entre nosotros aquel hombre singular, aquella mente privilegiada, después de muchas vacilaciones doy a conocer unos episodios inéditos de la vida de mi llorado amigo; episodios cuya publicación hubiera sido impensable mientras vivió, ya que me prohibía tajantemente hablar de aspectos suyos que pudieran humanizarle mostrando sus debilidades.

"Cuando yo ya no esté, querido Watson, cuente de mí lo que quiera", me dijo un día, "aunque sea verdad…".
Y agregó con una sonrisa cómplice y burlona:
"Todos sabemos el concepto tan relativo e inseguro que tienen de la verdad ustedes los escritores".

Aquí se verá, pues, a Sherlock Holmes en su vida privada, con sus paradojas, rarezas y contradicciones, digamos que el mito en carne y hueso, a menudo, ay, incapaz de resolver los enigmas y las dudas de su propio corazón.
¡Porque lo tenía, aunque le horrorizaba la idea de que alguien lo supiese!
Estas páginas, que son un homenaje a su verdadera personalidad, corroboran también mi convencimiento de que él mismo fue mucho más misterioso e interesante que los casos con los que se enfrentó.

John H. Watson



En contadas ocasiones uno tiene la fortuna de leer un libro de un autor contemporáneo y disfrutarlo tanto como si leyera un clásico.
Generalmente, sus autores no se prodigan en los medios y, tal como apunta en este caso el editor, a pesar de su fecunda obra, son de los escritores más secretos.

Carlos Pujol, nacido en Barcelona en 1936, es uno de estos casos.
Doctor en Filología Románica, profesor de literatura durante quince años en la Universidad de Barcelona (qué tiempos aquéllos), ejerce la crítica literaria desde 1969 (en la actualidad en ABC) y es asesor literario del Grupo Planeta (una de las contadas personas en ese conglomerado que sabe de literatura) desde hace decenios.

Carlos Pujol es autor de varias novelas (la última, Los días frágiles, cuenta con humor las desventuras de un exiliado español en las jornadas previas a la entrada de las tropas nazis en París), de varios volúmenes de ensayos sobre literatura inglesa y francesa (es especialista en Voltaire, Saint-Simon, Balzac y su añorado Joan Perucho) y ha traducido al español a Shakespeare, Racine, Ronsard, Baudelaire, Verlaine, Stevenson, Proust, Hemingway y Simenon…

Un verdadero lujo entre nuestras letras catalanas tan proclives al costumbrismo y la autoadulación.
Para este fin de año la editorial de Palencia Menoscuarto nos regala unos fantásticos relatos suyos con Sherlock Holmes y el Dr. Watson como protagonistas.

Uno ignora si Carlos Pujol tenía en mente la para mí la mejor adaptación a la pantalla grande de las aventuras del detective de Baker Street, La vida privada de Sherlock Holmes de Billy Wilder (a pesar de que Wilder repudiara la película).
Tanto Wilder como Pujol nos presentan a un Holmes humanizado y desmitificado, tocando su adición a las drogas, sus fugaces enamoramientos y también sus fracasos.
Con su profundo amor por el mítico personaje nos muestran su lado más vulnerable, más cercano.
Su editor escribe con acierto: "Con una prosa rebosante de inteligencia y amable ironía, Carlos Pujol nos dibuja, a través de la mirada del doctor Watson, a un humanizado Sherlock Holmes, con sus paradojas, rarezas y contradicciones, incapaz de resolver los enigmas de su propio corazón."

Como ha escrito un crítico sobre Carlos Pujol "hay una forma de inteligencia, hecha de ironía, prudente distancia, elegancia en el decir, justeza de tono, que la literatura inglesa ha ido atesorando en sus grandes clásicos y que resulta inconfundible para el lector.
Nadie escribe la conversación amable o la sutileza sarcástica como ellos.
Excepto Carlos Pujol."

En estos dieciséis cuentos, que prologa el mismo John Watson, se nos presentan diferentes casos, que no son importantes en sí mismos, sino porque nos muestran diversos aspectos de la personalidad del gran Holmes.

Guiños continuos a Shakespeare y Cervantes, un industrial catalán de Sant Gervasi a la búsqueda de un tesoro, Holmes y su(s) fantasma(s), la pertinaz soltería del detective, Desmond Burbujitas, el tedio vital (el sello de los grandes soñadores), la ficción y el arte de escribir (o cómo la vida corrige la ficción y la ficción crea la vida), los gatos de Gibbon, Holmes vestido de cura…
Elegantes y equilibrados, estos cuentos cuentan de Holmes lo justo y en penumbra queda todo aquello que no se ha dicho, pero que el lector intuye (si quiere o puede). Cuentos que entretienen y que incitan a reflexionar sobre la creación (literaria).

Como no podría ser de otro modo yo siento debilidad por el último cuento del volumen, La Gran Guerra.
En la primavera de 1916 el Dr. Watson cubre el frente francés como inspector de condiciones sanitarias (Tampoco creo que nuestros informes sirvieran de mucho, el gobierno nos había dado licencia para mirar, pero no para decir cosas desagradables, porque el patriotismo era muy quisquilloso).
Conversando con un aristócrata francés, Guy de Saint-Hilaire, un animal de ciudad que añora los viejos tiempos de antes de la guerra, Watson se encuentra con Holmes, que debe llevar una información secreta (sobre una espía rusa) al jefe del servicio secreto francés.
Watson le reprende que no tiene edad para esas aventuras y Holmes contesta tajante: "¿Por qué no? Uno tiene la edad que quiere tener, ni un día más".

Al acabar estos dieciséis deliciosos cuentos uno, que desearía que no terminaran nunca, no puede dejar de pensar en la frase de Billy Wilder, cuando respondía a la pregunta de un entrevistador de qué le parecía que la productora hubiera recortado su película alegando que era demasiado larga:

¡Demasiado larga, demasiado larga, para la gente todo es demasiado largo, excepto la vida y la polla!

Maximilian von Czernowitz

3 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Estoy de acuerdo. La vida privada de Sherlock Holmes de Billy Wilder es la mejor película sobre tan ínclito y perspicaz detective. El libro también tiene muy buena pinta. Muchas gracias.
Mis más cordiales saludos,

6:31 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Me acabo de comprar el libro. Ya el primer capítulo es magistral, en su elocuente concisión y en el juego de espejos metafísico que plantea tan sutilmente. Habrá que dosificarse. No se pierdan la crítica del libro que apareció en el ABCD.
Mis más cordiales saludos,

5:19 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

un libro para disfrutar de principio a fin.
Mis más cordiales saludos,

1:35 p. m.  

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