martes, junio 05, 2007

¡Quítese de mi vista! ¡Rascatripas, chupagomas, desdichado, alto, ye-yé!


España, sumida desde hace relativamente poco en una supuesta modernidad mal digerida, en el fondo muy pocas cosas han cambiado, reniega sin ningún pudor de su pasado más inmediato.

Padecemos una amnesia galopante, nos hemos convertido en un país de usar y tirar.

Caído está en el olvido el grueso de nuestros solistas y conjuntos de la década de los años sesenta del pasado siglo.

Encontrar grabaciones de este período (la mayoría descatalogadas), imágenes o documentos gráficos, es entrar en materia arqueológica.

Fuera de nuestras fronteras preservan sus costumbres y tradiciones.
Respetan y tienen en consideración a sus artistas, aunque estos haga tiempo que permanecen inactivos.

Cliff Richards y Paul McCartney ostentan el título de Sir, en Italia adoran a sus cantantes melódicos y Johnny Halliday es una leyenda nacional gala.

Por estos lares pasa algo distinto.

Algunos nacionalistas furibundos defienden con extrema vehemencia su, en algunos casos bastante borroso, acervo cultural, pero la mayoría de la población rehuye todo lo que tenga que ver con su “identidad nacional”.

Todo lo acontecido en esta tierra hace más de treinta años, está totalmente desfasado y huele a antiguo régimen.

Declararse fan del ye-yé es equiparable a ser aficionado a los toros, a la copla o al carajillo de anís.
En menos que canta un gallo será uted calificado de carca, intransigente y tranochado.

Es muy injusto que el legado de esos fabulosos intérpretes, que introdujeron nuevos sonidos y aportaron una pincelada de color y alegría en tiempos tan grises, haya sido borrado de un plumazo.

Le debemos mucho a esos pioneros que tuvieron que lidiar con la censura, con equipos y estudios de grabación prácticamente inexistentes y que en más de una ocasión se jugaron el tipo en pueblos perdidos de esta España tan negra.

El grandísimo vocalista Bruno Lomas falleció casi en la indigencia, malvivía cantando en restaurantes de su Valencia natal.

Karina pasea su triste figura por programas del corazón.

Los Mustang, Los Sirex, Los Bravos, Los Ángeles, Micky y Tony Ronald reaparecen esporádicamente en conciertos de revival.

El genial Fernando Arbex nos dejo hace unos años.
Luis Aguilé está al servicio de los mafiosos inmobiliarios levantinos, de Los Salvajes ya nadie se acuerda.

Eso por no hablar de artistas más ignotos, pero no por ello igual de competentes que los anteriormente mencionados:
Los Cheyenes, Los Cuatro de la Torre, Alex y los Findes, los Rocking Boys, Gelu, Manolo Díaz, Los Huracanes, Los Relámpagos, Los Sonor, Los Estudiantes, J.E. Mochi, Los Gritos, Los Íberos, Lone Star, Los Botines, Los Pasos, Lita Torelló, Los Pumas, Los Canarios, Los Nivram, Los H.H., Los Tiburones y un largo etcétera.

¡Un respeto a nuestros mayores! ¡Viva el ye-yé!



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