domingo, octubre 28, 2007

El texto de Rajoy-Rovira



En vísperas del 12 de octubre, el líder del PP hizo llegar a los ciudadanos un mensaje por televisión sobre el que vale la pena detenerse.
O, mejor dicho, hacer un análisis de texto, ya que era un texto lo que sin disimulo estaba leyendo (los ojos fijos en una pantalla más que en la cámara, ni rastro de espontaneidad en su alocución).
La iniciativa fue criticada por el Gobierno, por otros partidos de la oposición y por no pocos columnistas y tertulianos: que si se creía el Rey, que si había confundido la fecha con la Navidad, que a qué venía la arenga, que si en realidad era un ataque subliminal contra Zapatero ...
Nada de eso invita a detenerse, sino el propio texto, porque es difícil concentrar en tan poco espacio semejante sarta de incoherencias, contradicciones, vacuidades y tonterías, hasta el punto de que quien hablaba parecía un híbrido, digamos Rajoy-Rovira.

"Mi deseo es que este año, por razones que todo el mundo conoce, los españoles celebremos de manera especial esta fiesta", empezó.
Ya es bastante presuntuoso anunciar cuál es el deseo de nadie, sobre todo si concierne a los demás (otra cosa habría sido decir "Deseo celebrar", etc).
Pero es que además mencionó unas misteriosas "razones" que él conocerá tal vez, pero desde luego no "todo el mundo".
Podrían ser tantas...

"Porque somos una nación y queremos celebrarlo y dejar constancia de que nos alegramos", añadió. La causalidad de ese "porque" es incomprensible, dado que España (no "nosotros") es una nación cualquier día del año y desde hace siglos, aunque el señor Rajoy-Rovira parezca haberse enterado anteayer y quizá por eso quiera celebrar la nueva, y además "dejar constancia" de que se alegra de tal sorpresa, como si a alguien le importara nada si la Gran Noticia lo preocupa, lo alarma, lo entristece o lo extasía a él, que a fin de cuentas no es más que un ciudadano particular.

"Por eso", prosiguió (otra causalidad absurda), "vamos a honrar y a exhibir el símbolo que, con la Corona (ambigua redacción: habría sido más claro escribir "junto con la Corona"), "mejor nos representa en todo el mundo: la bandera que aprobamos en 1978" (sospechoso que tuviera que especificar que no era la de Franco con águila).
"La que exhiben nuestros deportistas con orgullo" (o quizá por mimetismo o convención; los escritores, por ejemplo, no solemos llevarla cuando nos dan un premio extranjero).
"La que cubre el féretro de nuestros soldados" (como si éstos estuvieran por encima de otros ciudadanos, la mayoría de los cuales sólo cubre su cadáver con la tradicional caja de pino).
"La que saludan con respeto todos los jefes de Estado que nos visitan" (vaya cosa, faltaría más, que Putin o Sarkozy se limpiaran los dedos con ella).
"El símbolo de la nación libre y democrática que formamos más de cuarenta millones de españoles" (menos mal que no la forman tunecinos, estonios o congoleses).
"La bandera de todos, porque en ella estamos todos representados" (aquí una falacia deliberada, pues el propio Rajoy-Rovira es el primero en quejarse de quienes, siendo españoles, queman la bandera y no la sienten como propia).

Pero aquí comenzó lo mejor: "Yo estoy orgulloso de ser español".
El que es español, o catalán, o vasco, o ilerdense, o lituano, o chipriota, ni está orgulloso de serlo ni deja de estarlo, porque es un hecho que no depende de su mérito ni casi nunca de su elección.
Vendría a ser lo mismo que exclamar: "Estoy orgulloso de ser varón, o mujer, o niño, o anciano, o de apellidarme Gómez, o de llamarme Jenaro".
Sólo pueden estar orgullosos de ser españoles quienes en realidad no están muy convencidos de serlo.
"Sé que los españoles también lo están", agregó, lo cual vino a ser como llamarnos a todos inseguros, inconsecuentes e imbéciles.
"Por eso" (más causalidades sin ton ni son) "pido a todos que ... el 12 de octubre lo manifiesten con franqueza".
Eligió mal la palabra "franqueza", por cierto, en un país con cuarenta años de "franquismo" a sus espaldas.
Pero lo más loco vino luego: "Y que hagan algún gesto que muestre lo que guardan en su corazón.
En casa o en la calle, de forma individual o con la familia y amigos.
Para que todo el mundo sepa lo que los españoles sentimos por España".
Se me escapa.
Si yo hago "un gesto individual en casa", no veo cómo va a saber "todo el mundo" lo que "siento por España", aparte de que al mundo le trae sin cuidado saberlo, no ya en mi caso, sino en el de cualquiera, incluido Rajoy-Rovira.

Por otra parte, si "guardo algo en mi corazón", qué sentido tiene que lo muestre y exhiba, en vez de seguirlo guardando como cosa íntima que es.
¿Y cuál podría ser ese "gesto individual en casa" (Rajoy-Rovira nos podría haber orientado un poco al respecto)?
¿Bastaría leer un Episodio nacional de Galdós?
¿Ponerse un vídeo de la selección española (menudo rollo)?
¿Tararear el himno en la ducha?
¿Un solitario brindis a la salud de Butragueño?

Aún añadió algo más el falso orador, es decir, el lector de textos: "Y que sabemos proclamarlo sin aspavientos pero con orgullo y con la cabeza bien alta".
Esto lo dijo tras soltar este mensaje que era puro aspaviento teatral, con un banderón a su espalda, con la cabeza no muy alta (estaba demasiado pendiente de la pantalla en que leía estas perlas) y con el dubitativo orgullo de quien afirma su orgullo.
Porque el orgullo, precisamente el orgullo, es bien sabido que, cuando se tiene de veras por algo, jamás se expresa ni se alardea de él.

Javier Marías

1 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

Rovira?
No en entiendo a que viene.
En fin, a mi el discurso de Rajoy me recordó, al menos en cuanto a redacción al de Pepe Isbert en Bienvenido Mister Marshall: "Como alcalde vuestro que soy, os debo un explicación, y esa explicación que os debo, os la voy a dar..."

12:02 a. m.  

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