lunes, junio 11, 2007

Enamorado de la moda juvenil


Hace un par de días estábamos mi mujer, unos amigos y yo cenando en una terraza.

Un matrimonio de mediana edad, sentado en la mesa contigua a la nuestra, tras departir sobre temas tan emocionantes como una herencia y el pago de su hipóteca, comentó por lo bajinis lo extraño de nuestra indumentaria.

El pasmo de tan atribulada parejita lo provocó el que en tan calurosa noche de sábado vistiéramos americana y corbata, a excepción de las señoras, claro.

Estaban realmente sorprendidos, se debatían entre si nos habíamos escapado de una junta empresarial celebrada en festivo o si acabábamos de enterrar a algún allegado.

Cuando aprieta la calorina, lo primero que hay que hacer es despojarse de cuanta más ropa mejor y ponerse cómodo. Liberemos cuerpo y alma. La holgura ante todo.

La moda, constantemente cambiante y la mayoría de las veces ridícula, rige nuestro armario ropero.

Temporada tras temporada cambian las tendencias y uno se ve obligado, si quiere estar a la última, a seguirlas con empecinada unción.

Poco importa que sea usted patizambo, canijo, exhiba barriga cervecera, vaya camino de cumplir los setenta o sea caído de hombros.
Si este año tocan las camisas floreadas, los pantalones de tiro bajo de colores chillones o los zapatos blancos con puntera, bienvenidos sean.

¿Se va usted de verbena? ¿Qué tal una camiseta sin mangas con pedrería y unas bermudas? ¡Divino!

Muchos individuos (al margen de su edad, aspecto físico y ocupación) gastan incluso con orgullo, prendas destinadas a adolescentes, actores de revista, macarras y chorizos de poca monta.

En los viejos buenos tiempos un caballero jamás hubiera osado llevar unos infantiles pantaloncitos cortos, a menos que perteneciera al África Korps y tuviera que conquistar El Alamein.

El actor Cary Grant, paladín de la elegancia en el vestir, acuñó el término inmovilismo aparente.
Nunca cambio de peinado, ni de corte de traje.
No llevó cazadoras de cuero en los cincuenta, ni pantalones pitillo en los sesenta, ni pata de elefante en los setenta.
Jamás se puso una chaqueta de color fucsia o se paseó en shorts por la Quinta Avenida.
Concibió su propio estilo y se mantuvo fiel al mismo hasta el día de su muerte. Inmovilismo aparente.

Telas de calidad (azul y gris de a diario, negro para la noche, marrón y beige para el asueto), tonos suaves, inmaculadas camisas blancas o con raya o cuadro imperceptible, prudentes complementos (nada de corbatas naranjas, verde lima o con hipopótamos), calcetines oscuros hasta la rodilla y circunspecto calzado inglés.

La verdadera distinción radica, como en casi todos los aspectos de la vida, en una sutil combinación de discreción y fidelidad.

No es necesario gastar grandes sumas de dinero en ropa ni tener que ir de veintiún botones.

Conozco personas que desde que tienen uso de razón visten el mismo tipo de tejanos, camisas y botas; y sin embargo, resultan mucho más distinguidos y originales que los grotescos diseñadores que dictan el modelo a seguir (léase el mamarracho de John Galliano, Jean Paul Gaultier o el repulsivo Karl Lagerfeld).

Cierto es que la salvaje dictadura de los grandes emporios textiles dificulta las cosas.
Utilizan materiales de calidad ínfima, se emplea mucho menos género (la anorexia aporta pingües beneficios) y se cose peor.

Es indecente que los trabajadores de la confección chinos que trabajan 17 horas diarias, siete días a la semana, no pongan más cuidado y esmero en su trabajo.

Los grandes cadenas ofrecen buenos precios en tiempos tan precarios, ropa para cualquier bolsillo, pero todas venden más o menos lo mismo y la variedad brilla por su ausencia.

Algunas sastrerías y tiendas de confección resisten a los envites del tiburón.
Despachan lo que se ha llevado toda la vida, brindan un servicio personalizado y no resultan tan caras.

Compremos en ellas y acabemos con la uniformización galopante.

Y con la estética imperante de chapero portuario.

7 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

¿Compramos productos chinos a pesar de que los haga gente explotada, para que su economía despegue?

¿O es mejor boicotearlos y comprar sólo ropa y zapatos nacionales?

10:55 a. m.  
Anonymous Bo Brumel ha dicho...

Todo el mundo ha de comer, pero yo creo que la solución pasaría por igualar los precios.
En China dispondrían de mejores condiciones de trabajo y aquí podría subsistir el textil patrio.

Eso sí, ojito, mucha ropa de marca supuestamente manufacturada en Ingalterra, Francia, Italia o Estados Unidos está hecha en China o en países del tercer Mundo.

Lo mismo pasa con las grandes cadenas españolas.

Inditex va a la cabeza en lo que se se refiere a la explotación de sus trabajadores, y no sólo fuera de España, hay costureras gallegas que trabajan en condiciones infrahumanas.
Sólo así, y blanqueando dinero del narcotráfico, se puede levantar semejante imperio en tan pocos años.
¡Vergonzante!

Claro que quien este libre de culpa...lo admito, yo también compro en Zara, y en H&M y en Massimo Dutti (cuando el bolsillo me lo permite).

En los chinos no gozo, el sintético me hace sudar como un pollo, la moda Honk Kong no me apasiona y los zapatos son lo más feo que ha parido madre.

En verano, guayabera y pantalón de lino.
¡Fresssquito!

2:22 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Estoy por la guayabera, es una prenda elegante y distinguida y fresca en verano.
Pero quisiera reconducir mi participación en este foro de hoy a un tema espinoso. Resulta que el otro día, cuando me tomaba la segunda caña de la mañana en el bar ibiza (al lado de la sala monasterio), puede entrever en el televisor del local al autor de este "blog" moviendo el esqueleto con cierto brío en un videoclip de una artista moderna cuyo nombre fácilmente olvidé. ¿Era realmente Vd. bailando o es Vd. tan famoso que ya tiene su propio "impersonator" para tales menesteres?
En fin, cosas más raras se han visto...
mis más cordiales saludos,

4:14 p. m.  
Blogger Ivo von Menzel ha dicho...

Estimado amigo,
me temo que era yo, hay que ganarse los garbanzos.
Confío en su discreción, cautela y sensatez.
Refrescante costumbre la de la caña mañanera.

Saludos cordiales,

Ivo

6:24 p. m.  
Blogger José Roberto ha dicho...

¿En qué videoclip? Siendo de una conocida artista moderna es probable que no me guste la música pero puedo verlo sin sonido y así solo veo tu baile.

11:48 p. m.  
Anonymous Popocho ha dicho...

Estimado José Roberto,

http://www.youtube.com/watch?v=m3FUOTORAOY

No le juzgueis muy severamente.

11:55 a. m.  
Blogger José Roberto ha dicho...

Ivo no te avergüences del videoclip que no sales tan mal parado, por lo menos mantienes tú propia estética dentro de ese carnaval hortera de karaoke. Por cierto que me ha hecho gracia ver a otro ilustre miembro de Los Soberanos.

gracias "popocho" jamás lo hubiera visto si no es con el enlace.

3:19 p. m.  

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