lunes, marzo 24, 2008

Lo que no se hace



Hacía cinco años que ETA no mataba de esa manera, metiéndole tres tiros a un civil desarmado, sin mediar antes palabra.
No se nos había olvidado esa forma especialmente cobarde de asesinar, pero sí nos habíamos desacostumbrado un poco.
No es lo mismo matar de lejos que de cerca.
No es lo mismo matar a un policía o a un militar, que en principio van armados, que a un mero ex-concejal, Isaías Carrasco, cuando se subía al coche para dirigirse a su modesto trabajo en el peaje de una autopista.
Matar de lejos y con armas mecánicas es deshonroso, y así lo vio ya, en el siglo XII, Ricardo Corazón de León, que criticó el uso de la ballesta, en contraposición al del arco –que aún dependía de la fuerza del brazo y de la habilidad del arquero–, sin sospechar que sería justamente una ballesta la que le arrebataría la vida.
Las reglas de la caballerosidad en el combate no han hecho sino relajarse siempre, desde entonces.
Hoy nos parece normal que los aviones, sin ningún riesgo para sus tripulantes, bombardeen a un ejército enemigo, pero eso no deja de ser una vileza, y poco escandaliza ya que lo que ataquen sean poblaciones, con una mayoría inmensa de víctimas civiles.
Por supuesto, el empleo de las armas de fuego es lo cotidiano, lo más natural del mundo, y se da tratamiento de héroes a soldados o a terroristas que en ningún momento se han puesto en peligro, mientras llevaban a cabo sus carnicerías.
A gente que se ha limitado a apretar un botón desde la distancia, sin arriesgar ni por asomo el pellejo y sin destreza ni arrojo para la lucha.

Y sin embargo, todavía en los años cincuenta y sesenta del siglo XX los niños teníamos claro que había cosas que no se hacían, es decir, que no se debían hacer bajo ningún concepto.
Eso, claro está, no impedía que se hicieran, pero el descrédito que al instante se abatía sobre los infractores era tan absoluto que caían sin remedio en desgracia y eran rechazados y despreciados por la gran mayoría.
Y lo tenían difícil para seguir conviviendo.
Sabíamos, por ejemplo, que no se mata a traición ni por la espalda, y menos aún a alguien desarmado.
Que no se pega a quien es claramente más débil, y jamás a una mujer, por tanto, en ninguna circunstancia.
Que "dos contra uno, mierda para cada uno", esto es, que resulta inadmisible la paliza de varios a uno solo, sin posibilidad para éste de devolver un golpe.
Que un adulto no daña a un niño ni a un animal indefenso, porque no hay igualdad de condiciones.
Que uno no se chiva de lo que ha hecho un compañero, sino que debe arreglárselas con él por su cuenta.
Que si uno quiere vengarse o escarmentar a alguien, ha de encargarse en persona, asumiendo el riesgo de salir malparado, y no enviar a otros en su nombre, como esbirros o sicarios.
Eran enseñanzas elementales e irrenunciables, que en gran medida se aprendían solas, sin demasiada necesidad de que nos las inculcaran, aunque todo ayuda.

Resulta en exceso anómalo que en un plazo breve –cuarenta años– tales convicciones hayan desaparecido para grandes porciones de la población.
No quiero decir con esto que esas porciones hagan lo que no se hace, sino que no lo condenan con la rotundidad esperable y deseable, y así, poco a poco, no está tan mal visto lo que solía estarlo pésimamente.
No son ya raros los casos en que una docena de muchachos –o de muchachas– apalean a un compañero y además lo graban con sus estúpidos móviles y además cuelgan en Internet, orgullosos, la filmación de su cobardía.
El número de mujeres maltratadas o asesinadas por hombres no decrece, año tras año.
Las atrocidades contra niños –contra bebés incluso– parecen haberse disparado, o por lo menos se han hecho más visibles, hasta el punto de exhibirse en la red para ser compartidas, lo cual, nos guste o no, indica que hay muchas personas que no las repudian tajantemente.
Hay atentados terroristas en cuya perpetración se ha utilizado a críos o a deficientes mentales para que se inmolaran, mientras los instigadores se quedaban cómodamente en sus casas, a salvo de todo peligro.
Hace unos días, volviendo a Madrid en coche, al chófer y a mí se nos apareció un perro negro en medio de la carretera.
Caminaba contra los automóviles, se lo veía asustadísimo y desorientado, sin saber qué hacer ni hacia dónde dirigirse.
El chófer pudo sortearlo, pero los dos lo vimos claro:
"No va a durar ahí el pobre.
No hemos sido nosotros, pero será el siguiente que pase".
Había bastantes camiones y era una autovía vallada, lo cual nos hizo conjeturar que el perro no podía haberse escapado de un pueblo cercano y haber ido a parar en mitad del tráfico, sino que probablemente su dueño lo había soltado allí –lo había expulsado– para que lo atropellaran, y así descartar que el animal confiado regresara a su casa.
Es muy posible que ese individuo quiera a su mujer y a sus hijos y se crea una buena persona, o una normal al menos.
Como el etarra que le metió tres tiros a Isaías Carrasco, desprevenido y desarmado. Como cuantos, lejos de hacer caer a aquél en desgracia y con él a ETA entera, consideran que ese sujeto es un heroico gudari que se la ha jugado, y no un cobarde extremado.
Lo llamativo de hoy no es que se haga lo que no se hace –eso no es nuevo–, sino que hacerlo no traiga al instante el universal descrédito de quienes lo han hecho.

© Javier Marías - El País Semanal -

4 comentarios:

Blogger lucas quejido ha dicho...

La clave de este artículo, que suscribo con urgencia y fervor, es la frase "que en gran medida se aprendían solas" (las normas no escritas de "lo que no se hace"). En eso radica la diferencia, que en otra época (no post-industrial, no mediática) se daban las condiciones para una moralidad intuitiva (lo llamo así a falta de algo mejor; ayúdenme).
En cuanto a lo de ETA, es absolutamente prioritario un cambio de perspectiva a la hora de abordar ese tema. Precisamente porque hay alguien capaz de matar a quemarropa en el 2008, y en nombre de una lucha armada que lleva treinta años matando sin haber conseguido ni uno de sus objetivos políticos, que nuestra interpretación de los hechos necesita una revisión. Ya no vale pensar que están locos, desesperados, que son nacionalistas radicales. Hay que revisar las políticas de prohibición de partidos (absolutamente anti-democráticas), las "repescas" jurídicas anticonstitucionales y la actuación policial. Si el Estado no cumple, hay una gente armada que actúa. Esto es estar bajo el yugo de una banda terrorista tradicional, y no la que se han inventado en USA. Todavía, y desde una perspectiva psicológica, no hemos aceptado que ETA existe. El Estado no actúa en consecuencia, porque constantemente otorga razones a ETA para considerarse la víctima.
No estoy dándole la razón a ETA, ni mucho menos (a la causa abertzale, le otorgo una legitimidad superior que la de sus censores: todo pueblo tiene derecho a la autodeterminación si una mayoría de sus ciudadanos la defiende, bla, bla bla) sino que asumo su existencia y su peligro como tales.
En otra orden de circunstancias, me parto de risa cuando los abertzales van de comunistas. Un comunista, hoy en día, está deprimido, no eufórico ni armado.

Conclusión: si empiezas defendiendo una causa justa y acabas asesinando, el sistema se encaragará de convertirte en un asesino y de condenarte por ello. Pasarás, TÚ Y SÓLO TÚ, a la historia como un asesino, y tu causa, que es lo importante, se quedará en agua de borrajas. Sólo conseguirás que el sistema gane y te arruine la vida. A un mal perdedor se le ve nada más sentarse a la mesa.

Lucas

4:23 a. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Yo es que creo que las motivaciones de Eta ya no importan. ¿No puede defenderse el independentismo, como en muchos sitios, democrática y pacíficamente? O la unidad o lo que sea....
Lo que es alucinante es pensar en el individuo que se lavanta por la mañana , desayuna y sale de casa sabiendo que va a tirotear sin piedad y a traición a alguien, sea quien sea este alguien. Pienso que la Eta es hoy en día una secta destructiva. Sólo alguen con la cabez totalmente programada puede hacer algo así sin vacilar, sin arrepentirse ...Si se arrepintiera, moriría.

12:48 p. m.  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Ivo, cancela la entrada del último comentario que parece que es un virus. No sé qué pasa cuando lo clickas que aparecen mil ventanas diciendo que... pues eso, que es un virus.
Joder, qué cosas más raras que tiene la libre circulación de opiniones, rediez.
Oye, que va en serio, que ése es un hijoputa que te viene con virus.
Lucas

6:34 a. m.  
Blogger Ivo von Menzel ha dicho...

Reverenciado compadre,

muchas gracias por el aviso.
Fulminado.
Nunca he entendido a estos cabrones que disfrutan propagando virus.
En fin.

Reitero el agradecimiento.

Un abrazo,

Ivo

4:06 p. m.  

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